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LITERAL

El espacio Literal es una planta dentro del Albergue Bela Muxía, resultado de la ampliación del albergue en el año 2014.

BELA MUXÍA

Literal es un espacio para la cultura, donde se puede visitar una exposición temática de diferentes aspectos relacionados con la cultura del Pueblo.

LITERAL

“A Costa da Morte”, “Os Secadoiros” y “Os Naufragios” son murales documentados fotográficamente por el fotógrafo muxián Ramón Camaño, acompañados por los textos del intelectual también oriundo de Muxía, Antón Castro.

Naufragios y memoria.

La dura vida que los hombres han llevado a lo largo del tiempo en la Costa da Morte, marcada por su constante lucha contra el mar, no solo ha contribuido al desarrollo económico de este territorio, sino que también ha generado una familiaridad con la tragedia, debido a la frecuencia de los naufragios.

Los restos de esos naufragios se han convertido en un símbolo de identidad. Han dado lugar a una extensa literatura, especialmente desde el romanticismo, y han elevado la Costa da Morte a un lugar reconocido por su aura de fábula y leyenda.

En Muxía, y según el escritor Ramón Otero Pedrayo, Rosalía de Castro escribió algunos de sus mejores poemas. Con ella comienza un ciclo de poetas que intensificaron la mitología romántica del naufragio y el drama, extendiendo una tradición épica influida por autores como Byron, Goethe, Hölderlin y los poetas ingleses del lago. Así se afianza la idea de la muerte en el mar, y la costa queda para siempre nombrada como Costa da Morte, convertida en escenario de una identidad trágica, pero también lírica, celebrada por grandes poetas como Hugo Rocha, José Ángel Valente, César Antonio Molina, Gonzalo López Abente o Federico García Lorca.

Escaleras terraza BM

Memoria de naufragios y un mar eterno.

Memoria de naufragios y un mar eterno.

La balsa, símbolo de salvación para el náufrago, encarnada en la Pedra d’Abalar, inspiró a José Saramago en su novela La balsa de piedra.

Los detallados planos manuscritos de Pepe de Olegario, marinero de Sardiñeiro, fruto de más de cincuenta años de investigaciones en los mares de la Costa da Morte, permiten ubicar los pecios de numerosos naufragios, desde el Cabo Touriñán hasta la Punta Lens. Estos van desde los hundimientos míticos del siglo XVI hasta la trágica noche del Serpent en 1890, pasando por el Great Liverpool y el HMS Captain, ambos británicos, hasta el último gran naufragio: el del petrolero Prestige, símbolo del desastre y del caos marítimo, que se hundió frente a las costas de Muxía en noviembre de 2002.

Costa da Morte.

La Costa da Morte es la metonimia de la conciencia mítica, etnográfica y antropológica de todas las Galicias del mar y adquiere su identidad más trágica en la imagen del naufragio, en la dramaturgia de la muerte. Finisterre o Fin del mundo atlántico que intuyeron los romanos, aparece definida por un paisaje litoral rocoso, de elevados acantilados y de climatología adversa, azotada por fuertes lluvias o vientos, a veces tempestades, mares embravecidos, de corrientes y bajos peligrosos u olas gigantescas, bajo cielos, con frecuencia, grises y de nubes recurrentes en una atmósfera de brumas y nieblas.

Este pedazo de Océano, que se extiende de Malpica a Fisterra, ha ido narrando, a lo largo de los siglos, su propia historia, transcrita en la explicitud del nombre que alude a la muerte como epopeya inacabada en el relato de sus habitantes, que han luchado siempre al lado del mar o contra el mar.

UN LUGAR ESPECIAL

Los secaderos de congrio de Muxía constituyen, en la actualidad, el último signo de una economía viva que se nutre de una tradición secular, pero también son símbolos de una profunda riqueza etnográfica que une pasado, presente y futuro en la sorprendente escenografía estética de las cabrias, cuyos varales perfilan los límites entre el horizonte, el cielo y el mar.

Secaderos de congrio.

Secar o curar congrio es una actividad artesanal que permite la conservación de este pescado blanco, siguiendo una tradición antiquísima que posiblemente se remonte a la Edad Media y, con más probabilidad, a la época renacentista (siglos XV y XVI), que es cuando aparecen documentados los primeros intercambios, de una economía de trueque, entre algunos puertos gallegos y diferentes pueblos de Cataluña, Aragón y Castilla. Las mismas zonas que hoy siguen importando el congrio curado, elaborado en Muxía.

A mediados del siglo pasado, la transformación del congrio fresco en congrio curado o seco desapareció, como actividad, en la totalidad de los puertos gallegos, excepto en el de Muxía, que ha convertido esta industria en un signo identitario de su economía más tradicional. Desde entonces sus secaderos son los últimos ejemplos de esta modalidad en Europa y configuran, con sus robustos varales entrecruzados, que forman una estructura ortogonal y geométrica, un paisaje arquitectónico aéreo y transparente (las cabrias).

Siguiendo el procedimiento tradicional, que es el que aún se utiliza en la actualidad, el congrio se somete al esmonifado o esmunifado (que consiste en abrirle la cabeza con los golpes de un hacha sobre un cepo bajo). A continuación, y en una tabla inclinada, se realiza el lañado, que exige la utilización de una poda de perfil curvo, mediante la cual se abre el pez longitudinalmente, para extraerle la tripas y el lomo cárnico. Con posterioridad, y haciendo uso de un cuchillo bien afilado, de considerables dimensiones, se procede al agujereado, acción que permitirá un secado más intenso. Entonces el congrio sufre un minucioso lavado, o bien haciendo uso del agua del mar, aprovechando las olas de los acantilados próximos, o bien fregándolo en grandes cubetas o píos.

Una vez finalizado este proceso, pasará a unas mesas, próximas a las cabrias, para envararlo –es decir, para ponerle una vara en la parte superior, a fin de mantener su rigidez y obtener un mejor secado-, sujetando el extremo de la vara al pescado mediante unas sencillas cuerdas. Finalmente el congrio se cuelga en las cabrias y después de una o dos semanas, dependiendo de la climatología -en particular del viento y del sol-, estará listo para el proceso de enfardado en una prensa y el ulterior embalado con hilo alámbrico y arpillera.